Título: La arena del reloj.
Autora: Mayte Esteban.
Editorial: Autoeditado.
Año: 2011
Género: Narrativa.
Páginas:156
ISBN: 978-84-6133-961-7
Esta
reseña forma parte de la iniciativa que Tatty propuso en su blog “El universode los libros” que lleva por título "Un mes, una autora", dedicada a Mayte
Esteban. A estas alturas, Mayte ya es conocida por toda la blogosfera, aún así,
os dejo el enlace a la maravillosa entrada de Tatty y al blog de la autora por si la queréis conocer mejor.
Decidí
participar con este libro después de darle muchas vueltas a los títulos
publicados por Mayte, aunque sabía que iba a ser una lectura muy dura para mí
tras leer la presentación de la novela en su blog.
Es
una novela corta, contada a dos voces,
por un lado Juan José Esteban, padre de la autora y español entrañable
nos cuenta una vida llena de recuerdos, a la que Mayte le pone tinta y le da
estructura para plasmarlos en una novela. Por otro lado, la escritora nos
intercala en el relato sus emociones sobre la enfermedad que padece su
progenitor y como lo va encontrando conforme pasa el tiempo.
Está
estructurada en tres partes: “Empezando de cero 1941-1951”, “Empezando a
comprender la vida 1952-1962”, y “Hacía otro tiempo 1962-2005”. En la primera
parte, Juan José se presenta, nos habla de sus orígenes, de su familia, de su
niñez, de los pueblos de su vida y nos hace una crónica costumbrista y del
sufrimiento que trajo la guerra a nuestro país. Mayte por su parte nos cuenta
su anhelo de estar con él, el seguimiento de los malditos marcadores tumorales.
En la segunda parte, dejamos atrás la niñez y nos adentramos en la adolescencia
para conocer sus primeras salidas con amigos, las ferias de los pueblos, el
trabajo en el campo y cómo se labra un futuro. Mayte seguirá pendiente del
reloj, con la angustia queriendo asomarse por el escote. Y finalmente, en la
última parte y la más corta de la obra, Juan José nos hablará de su promoción
en el mundo de la empresa, de los vehículos que ha tenido, de su boda, de sus
hijas y de su hogar, reflejando la realización de un hombre feliz.
Ya
desde el primer párrafo, un escalofrío me recorrió la espalda, pero al igual
que nuestros protagonistas decidí seguir adelante, y al tiempo que Mayte ponía
la grabadora en funcionamiento, mis recuerdos empiezan a emerger. Yo también me
he transportado a una finca de campo, a un niño con hermanos, a las necesidades
primarias sin abastecer, a esos pantalones cortos perennes que les ponían a los
pequeños; y de repente Mayte me traía a los recuerdos cercanos, a las piernas
inflamadas, al sabor metálico de los cubiertos, a la fluctuación de los putos
marcadores, y a ese rato de mal humor que necesita alguien que no se quiere
marchar todavía.
Después
sobrevolé el trabajo en el campo, en el molino, la azada pegada en esas manos
grandes, a los guateques, hasta que Mayte me trajo al intercambio de libros, a
las mejorías, a la esperanza y a la desesperanza.
Y
por último navegué en una moto, en un Simca, oteando que se abre el futuro
denunciando inocentes que pasan por debajo de la barrera del tren, que
vienen los enanos, una vivienda, hasta que Mayte me apaga la vela y me habla de
su última mirada a la casa que con tanto esfuerzo ha construido.
Jamás
había mojado el teclado del ordenador. Gracias Mayte por traerme a mi padre de
vuelta, aunque jamás se ha marchado para mí. Mil gracias.
Por
último, he querido empezar haciendo una reseña y no se qué ha salido al final, pero sí quiero rendir
homenaje a esta generación de ESPAÑOLES con mayúsculas, que han trabajado para
sus padres, para sus hijos, y nunca han tenido ni ansiado grandes cosas,
excepto la felicidad para los suyos y la satisfacción de las cosas bien hechas.
Gracias donde quiera que estés PAPÁ.


