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sábado, 7 de julio de 2012

LA ARENA DEL RELOJ


Título: La arena del reloj.
Autora: Mayte Esteban.
Editorial: Autoeditado.
Año: 2011
Género: Narrativa.
Páginas:156
ISBN: 978-84-6133-961-7
Esta reseña forma parte de la iniciativa que Tatty propuso en su blog “El universode los libros” que lleva por título "Un mes, una autora", dedicada a Mayte Esteban. A estas alturas, Mayte ya es conocida por toda la blogosfera, aún así, os dejo el enlace a la maravillosa entrada de Tatty y al blog de la autora por si la queréis conocer mejor.

Decidí participar con este libro después de darle muchas vueltas a los títulos publicados por Mayte, aunque sabía que iba a ser una lectura muy dura para mí tras leer la presentación de la novela en su blog.
Es una novela corta, contada a dos voces,  por un lado Juan José Esteban, padre de la autora y español entrañable nos cuenta una vida llena de recuerdos, a la que Mayte le pone tinta y le da estructura para plasmarlos en una novela. Por otro lado, la escritora nos intercala en el relato sus emociones sobre la enfermedad que padece su progenitor y como lo va encontrando conforme pasa el tiempo.

Está estructurada en tres partes: “Empezando de cero 1941-1951”, “Empezando a comprender la vida 1952-1962”, y “Hacía otro tiempo 1962-2005”. En la primera parte, Juan José se presenta, nos habla de sus orígenes, de su familia, de su niñez, de los pueblos de su vida y nos hace una crónica costumbrista y del sufrimiento que trajo la guerra a nuestro país. Mayte por su parte nos cuenta su anhelo de estar con él, el seguimiento de los malditos marcadores tumorales. En la segunda parte, dejamos atrás la niñez y nos adentramos en la adolescencia para conocer sus primeras salidas con amigos, las ferias de los pueblos, el trabajo en el campo y cómo se labra un futuro. Mayte seguirá pendiente del reloj, con la angustia queriendo asomarse por el escote. Y finalmente, en la última parte y la más corta de la obra, Juan José nos hablará de su promoción en el mundo de la empresa, de los vehículos que ha tenido, de su boda, de sus hijas y de su hogar, reflejando la realización de un hombre feliz.

Ya desde el primer párrafo, un escalofrío me recorrió la espalda, pero al igual que nuestros protagonistas decidí seguir adelante, y al tiempo que Mayte ponía la grabadora en funcionamiento, mis recuerdos empiezan a emerger. Yo también me he transportado a una finca de campo, a un niño con hermanos, a las necesidades primarias sin abastecer, a esos pantalones cortos perennes que les ponían a los pequeños; y de repente Mayte me traía a los recuerdos cercanos, a las piernas inflamadas, al sabor metálico de los cubiertos, a la fluctuación de los putos marcadores, y a ese rato de mal humor que necesita alguien que no se quiere marchar todavía.

Después sobrevolé el trabajo en el campo, en el molino, la azada pegada en esas manos grandes, a los guateques, hasta que Mayte me trajo al intercambio de libros, a las mejorías, a la esperanza y a la desesperanza.

Y por último navegué en una moto, en un Simca, oteando que se abre el futuro denunciando inocentes que pasan por debajo de la barrera del tren, que vienen los enanos, una vivienda, hasta que Mayte me apaga la vela y me habla de su última mirada a la casa que con tanto esfuerzo ha construido.

Jamás había mojado el teclado del ordenador. Gracias Mayte por traerme a mi padre de vuelta, aunque jamás se ha marchado para mí. Mil gracias.

Por último, he querido empezar haciendo una reseña y no se qué  ha salido al final, pero sí quiero rendir homenaje a esta generación de ESPAÑOLES con mayúsculas, que han trabajado para sus padres, para sus hijos, y nunca han tenido ni ansiado grandes cosas, excepto la felicidad para los suyos y la satisfacción de las cosas bien hechas. Gracias donde quiera que estés PAPÁ.


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