Título: AL ACECHO.
Autora: NOEMÍ SABUGAL.
Autora: NOEMÍ SABUGAL.
Editorial: Algaida.
Año: 2013
Género: Novela contemporánea.
Páginas: 434
ISBN: 978-84-9877-828-1
Páginas: 434
ISBN: 978-84-9877-828-1
¡FELIZ DÍA DEL LIBRO A TOD@S!
Buenos días. Os traigo hoy al blog una novela
de Algaida que me ha sorprendido gratamente, y que ya varios de vosotros habréis
leído. Se trata de “AL ACECHO”, de Noemí Sabugal, que nos cuenta la historia
del inspector de policía Fierro, un hombre un tanto peculiar.
SINOPSIS:
En marzo de 1936 Madrid es una
ciudad convulsa tras la reciente victoria en las elecciones del Frente Popular.
En un céntrico callejón aparece una niña de catorce años estrangulada, cuyo
cadáver muestra un decoro inusual: un lazo perfecto en el cabello, las manos
cruzadas sobre el pecho, el vestido bien estirado sobre las piernas rígidas. Y
no será la última.
Julián Fierro, inspector del
Cuerpo de Investigación y Vigilancia, se enfrentará a estos casos de asesinato
en una ciudad crispada, donde los atentados y enfrentamientos son el preludio
de un inminente golpe militar.
“Al acecho” es una novela
sobre el compromiso con los otros y la deserción egoísta, sobre pesadillas y
secretos, sobre el hombre al acecho del hombre. Todo en un Madrid “que se
disuelve, que no es real”, y en el que la sospecha es “una flor salvaje que
prende en cualquier suelo”.
AUTORA:
Noemí Sabugal (Santa Lucía de Gordón, León, 1979) es licenciada en
Periodismo por la Universidad
Complutense de Madrid. Ha trabajado para distintos medios de
comunicación como el diario “El Mundo”, “El Mundo-La Crónica de León” y “Diario
de León”, el semanario “Interviú” y los Servicios Informativos de la cadena
SER. En 2005 su labor fue reconocida con el Premio de Periodismo de Castilla y
León Francisco de Cossío, modalidad de prensa, por el reportaje “De cruce de
caminos a cruce de culturas”, sobre la inmigración en el barrio leonés del
Crucero. Su primera novela, “El asesino de Sócrates”, fue finalista del XI
Premio de Novela Fernando Quiñones. Con “Al acecho”, su segunda obra, ha
conseguido la XXXI
edición del Premio de Novela Felipe Trigo.
Si en “Cabaret Pompeya” nos situábamos en
Barcelona y en un clima de tensión preguerra civil, en este caso aterrizamos en
la capital de España, en un ambiente decadente, oscuro, típico de novela negra,
aunque no creo que esta historia se pueda catalogar como tal. La autora
radiografía una sociedad dividida en dos bandos políticos (¡Cómo me suena
esto!), con ciudadanos crispados, atentados como el de Jiménez Asúa (diputado),
la violencia sembrada en cada esquina, y la incertidumbre de que algo grave
puede suceder en cualquier momento.
Pues en este clima, aparece nuestro inspector
de la Brigada
de Investigación Criminal, un tipo hastiado, pasota, que no cree en nada y al
que la política le importa un bledo. Claramente constituye la antítesis de la
situación en que se va a desenvolver, donde a todo el mundo solo le falta
micrófono y púlpito para que sus opiniones se conviertan en mítines oficiales.
En este Madrid, Fierro tendrá que echarle el guante al asesino que justifica sus
muertes al principio de cada una de las cinco partes en que está dividida la
novela.
Es un tipo soltero, brusco, rudo, un tanto
gañán en sus formas, con una madre sucumbiendo a la vejez y unos fantasmas que
le acechan día y noche, los de las tres niñas que aparecen muertas una tras
otra y en extraña situación. Es un hecho incuestionable, que Noemí Sabugal ha
sabido dibujar perfectamente un personaje atormentado por la necesidad de
encontrar al asesino, que intenta mostrarse indolente ante la absurda muerte de
su padre y que no deja que el amor termine de entrar en su vida. Sin embargo,
todas estas circunstancias le afectarán y estarán revoloteando pegajosamente
sobre él, como la atmósfera calurosa e irrespirable del verano madrileño.
Tres chicas adolescentes para la época, en
esas edades donde la pubertad actúa en el sistema hormonal, aparecen muertas,
primorosamente colocadas, peinadas, limpias y sin signos de violencia ni
vejación. Bien, pues Fierro se empecinará en descubrir al asesino, cuando esta
situación parece no importar a nadie, sus pesquisas le llevarán al colegio
donde estudian las niñas, y aparecerá entonces un halo de misterio donde la
religión y su importancia y poder en la época dejará entrever posibles
culpables.
Muy habilidosamente, el narrador omnisciente
de la historia nos dará pistas estratégicamente colocadas para ir manipulando
nuestro razonamiento hacia posibles asesinos. Este es uno de los factores que
más me han gustado del libro.
Fierro, en el Madrid de los cafés, de los
diarios, del humo gris del cigarrillo en la oficina y de la botella en el
último cajón del escritorio, irá avanzando en la investigación, entre
detenciones políticas y tiroteos en las calles, a pesar de que la guerra está a
punto de estallar y de que su madre se va convirtiendo en un vegetal. Entre
trago y trago a la botella, necesitará ahuyentar a sus fantasmas, y qué mejor
forma que descubrir al monstruo que terminó con la vida de las niñas.
Curiosamente, la vida amorosa de Fierro irá paralela a su investigación, y su
relación con Adela, exprostituta con un hijo pequeño, que vive en un piso
pagado por él, será la otra acera que va dando vida al camino de la novela.
Por último y para no extenderme más encontraréis
un final sorprendente, donde el asesino no es quien vanidosamente pensamos, ni
quien sutilmente nos han dado a entender. Por tanto una novela que cuenta con
un personaje difícil de olvidar entre sus páginas, con una prosa cuidada y que
nos cuenta de manera envolvente una historia triste dentro de un clima
decadente. Para mí 4PLUMAS-BUENÍSIMO.
FUENTES:






























